El origen de la expresión la encontramos en la época en la que a los
presos se les colocaba unos grilletes en los tobillos para que no
pudieran escaparse, habiendo algunos casos excepcionales en los que, por
la buena conducta de un reo, éste recibía como premio el poder pasar la
noche sin estar sujeto a ninguna cadena u otro preso, por lo que ‘dormía a pierna suelta’ (sin
sujeción alguna), lo que conllevaba un buen descanso y estar en mejores
condiciones por la mañana (hay que tener en cuenta que por aquel
entonces la mayoría de los presos cumplían la condena realizando
trabajos forzados).
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